Página 9 - La industria de las armas desde 1960


La industria de las armas desde 1960

Eibar la villa industrias de las armas
Transcurría la década de los 60 y la industria armera gozaba de una buena salud, Eibar, Elgoibar, Elgueta, Zaldibar, Soraluce y Bergara, producían un importante número de armas de caza y una gran parte de sus habitantes trabajaba en el sector, muchos de ellos empleados de grandes empresas como AYA (Aguirre y Aranzabal), Víctor Sarasqueta,  Vda. de Juan José Sarasqueta, Ignacio Ugartechea, otras más pequeñas como El Reno(José Urigüen), Arrieta y Cia, Union Armera, Luis Arrizabalaga, Pedro Arrizabalaga, etc., y numerosos talleres auxiliares y proveedores de cañones, basculas y mecanismos.


Concluida la jornada escolar matutina, acudía con cierta frecuencia a la fábrica de escopetas Víctor Sarasqueta donde  trabajaba mi padre, con la disculpa de hacerle compañía hasta que sonara la sirena que anunciaba las 12:30 del medio día y así poder ir juntos a casa, el pretexto me permitía alimentar mi curiosidad de lo que allí se hacia y de observar con perplejidad las diferentes operaciones que realizaban los trabajadores. No olvidaré aquel buen día en que mi padre me presento a Don Víctor Sarasqueta, hijo del fundador de la firma de su propio nombre, las palabras de aquel  sabio hombre de aspecto  afable causaba en mí un gran respeto y admiración, a pesar de que con el tiempo llegue a simpatizar con él.

Fabrica Víctor Sarasqueta  en 1967
Pese al tiempo transcurrido todavía recuerdo bastante bien aquella antigua fábrica ubicada en la calle de su propio nombre, prueba evidente de la importancia que la firma llego a tener en el ámbito social Eibarres.   En la actualidad ya casi no existe ningún vestigio que delate la existencia de aquel edificio, pero la calle sigue manteniendo el mismo nombre.  La fábrica, en su parte de talleres, era un edificio que constaba de sótano y dos plantas, con amplios ventanales que se extendían de Norte Sur en una larga fachada orientada al Este por un lado y oculta a la vista al Oeste por el otro, la edificación de los talleres se adosada  a una edificación de cuatro plantas donde se ubicaban la sala de visitas, el despacho administrativo y las estancias de dirección. A su vez, el citado edificio "administrativo", se unía a la casa familiar de los Sarasqueta, un edificio de cinco plantas enclavado en sentido ascendente hacia la calle Estación, la fachada principal orientada al Sur tenia un gran portón que daba acceso a un gran holl con una doble puerta en frente, a la derecha, unas escaleras daban acceso a las estancias de visitas, administración y dirección. No puedo pasar sin renombrar la sala de visitas, que estaba ubicada en la primera planta, aquella bella estancia contaba con un lujoso mobiliario de oscura madera, un gran expositor ocupado por una lustrosa batería de escopetas y rifles, una vitrina con trofeos de plata, una serie de retratos entre los cuales destacaba el del Rey Alfonso XIII, y varias cabezas de animales disecados que colgaban de aquellas paredes de color verde pastel muy suave, los techos decorados con elegantes molduras de escayola y una gran lampara de cristales tallados, daban al lugar el aroma del glamour de la belle epoque.
Vista posterior de la fábrica desde la calle Estación, en la imagen
se puede apreciar la parte de los talleres, el adosado edificio
administrativo y la casa familiar

Volviendo al holl, la puerta del frente, daba acceso a un  pasillo por el cual se accedía al frente al taller de mecanizado, las máquinas estaban alineadas en dos largos pasillos en cuyo fondo se hallaba el almacén de básculas, piezas y cañones. Volviendo al citado pasillo, a la izquierda, unas escaleras daban acceso a la planta baja y segundo piso. En la planta baja se hallaba la maquinaría de mecanizado de madera y un almacén de culatas y guardamanos, desde ese lugar se podía acceder a un patio parcialmente cubierto cuya longitud abarcaba prácticamente la totalidad de la fachada orientada al Este y que era utilizado como área de carga y descarga de la fábrica, la entrada, un amplio portón de metal enrejado situado en la fachada Sur a la derecha de la puerta principal, cuya anchura permitía el acceso de camionetas  de proveedores de material y envío de mercancías, a la derecha de esa misma zona oculto tras un largo tabique que se extendía paralela a la fachada Este, existía una galería de tiro utilizada para prueba de funcionamiento y regulado de baleo de Rifles express. En la planta superior o segundo piso, se hallaban distribuidos por secciones los artesanos basculeros, expulsoristas,  culateros, grabadores y armadores.

En las canchas de tiro de Arrate, Imanol Aranzabal (AYA), recibe trofeo de ganador
de manos de Victor Sarasqueta en 1961
En las décadas de los 60 y 70 la competición de tiro deportivo, Pichón, Elice y Plato, gozaba de una amplia multitud de aficionados nacionales y extranjeros, y algunos fabricantes Eibarreses, hicieron gala de sus habilidades contando con escopetas de su propia fabricación.



Aprendices de armería en la Escuela de Armería 1960
En este edifico ubicado al comienzo de la calle Txonta de Eibar, se hallaba el taller de Escopetas Armas el Corzo, que fabricaban varios modelos de escopetas paralelas y superpuestas.
Laurona Armas emprendio su primeros años de  fabricación en este mismo edificio hasta que se traslado a la avenida Otaola hacia la segunda mitad de los 70



 Pedro Gorosabel y Patxi Muguerza fundadores de Laurona
Edificio Laurona, moder nas instalaciones que desde 1970 albergó a esta
empresa hasta finales de la década del 2000.







Fernando Martín gerente de Armas Laurona acompañado de clientes extranjeros


Casa de los Arizaga, con el taller de escopetas Gaspar Arizaga 
que ocupaba la planta baja, primer y segundo piso.
Edificio ubicado en la calle Estación (Frente a la estación ferroviaria de Eibar)
En la calle Errekatxu nº 5  se encontraba el taller de escopetas de Pedro Arrizabalaga 
edificio típico Eibarres que compartía viviendas con talleres 


La fábrica de Ignacio Ugartechea ubicada en la calle Txonta de Eibar,
en la planta baja de este imponente edificio se encuentra la fabrica de carabinas
 de aire comprimido de Bascaran "Carabinas Cometa"

En este edificio industrial ubicado en la calle Victor Sarasqueta existían varios talleres 
auxiliares del sector armero  y en el último piso se encontraba Armas Ego que
entre las armas fabricadas fueron celebres sus rifles dobles 


Armas el Reno en Bidebarrieta 66
Ángel Mazorriaga en su
taller de Bidebarrieta
En la planta baja de este edificio de viviendas de la calle Bidebarrieta se ubicaba el taller de Armas El Reno fabricante de escopetas paralelas de caza, tras su cierre a comienzos de la década de los 80 tomó su relevo Angel Mazorriaga  donde hoy día sigue dedicándose a la reparación en general y a la producción artesanal de escopetas cuya marca continua siendo El Reno.







Taller de escopetas Ugarteburu






Alejandro Carral (de pie con camisa blanca), en su casa de Ibargun, fue un peculiar personaje muy conocido en Eibar al que llegue a conocer en su taller de pavón artesano, denominado "pavón por capas o por oxidación". Este pavón de tono negro satinado, estéticamente puede resultar menos llamativo que los pavones modernos, pero la resistencia a la corrosión producida por los agentes naturales es incomparable, además, al contrario de los tratamientos químicos modernos, ofrece la ventaja de que sus componentes químicos no dañan las soldaduras de baja fusión "estaño-plata".  La preparación de los componentes y la laboriosa técnica de aplicación era guardada en secreto familiar y solo era transferida de padres a hijos, sin embargo, a medida que se iban modernizando las nuevas técnicas de pavonado, esa tradicional técnica casi ha llegado a desaparecer.  
Se cuenta que en la década de los 70, un grupo de industriales japoneses encabezado por un mandatario del gobierno Nipon visitó Eibar en una misión comercial que duró al rededor de una semana, venían atraídos por el interés de recabar información sobre las diferentes técnicas de producción utilizadas en la industria Eibarresa, entre los nombres que figuraban en la repleta agenda de visitas se encontraba Pavonados Carral, por lo visto, conocían la existencia de un afamado taller que pavonaba cañones con una técnica desconocida para ellos.  Acompañados de un responsable municipal y varios cargos industriales de Eibar, acudieron al taller de Alejandro, uno de los acompañantes presento al grupo visitante y le explicó el interés de los japoneses por conocer la técnica y los componentes químicos que utilizaba para obtener el afamado pavón, Alejandro no puso aparente impedimento y echó a andar por el taller mientras explicaba las funciones previas al comienzo del tratamiento sin perder de vista a los japoneses que fotografiaban cada uno de los rincones y cubas del taller, finalmente llego el momento de la explicación sobre la obtención de la pócima, saco un frascos de cristal cuya etiqueta anunciaba que contenía ácido advirtiendo sobre la peligrosidad de la manipulación del producto, sobre una hoguera de carbón vegetal, puso una cuba y lleno de agua, esperó a que entrara en ebullición y  fue vertiendo el ácido poco a poco mientras removía el líquido con un palo, y añadió unas palabras de observación diciendo... << hay que reducir el efecto del ácido llevándolo a un punto en que la corrosión pueda ser controlada >> al poco rato el liquido empezó a adquirir un color verde-azulado, miró al grupo y dijo... ahora es el momento de saber si la mezcla esta en su punto o no, los japoneses cámara en mano dieron un paso al frente observando perplejos que Alejandro introducía su dedo en la mezcla para acto seguido llevárselo a su boca, chupo el dedo y poco después escupió en el suelo, ya está, dijo,  tiene el punto exacto de acidez, lo sé porque el sabor recuerda a vinagre de vino tinto, así es como se hace, no tiene más secreto, dijo sonriente, los visitantes no daba crédito a lo que acababan de ver, más tarde, tras una oportuna despedida, el grupo de visitantes salia del taller sin mediar palabra, perplejos y sorprendidos por la inesperada demostración que consideraban primitiva y muy peligrosa. Antes de partir para su país, fueron invitados a una celebración de despedida con las autoridades municipales, diversas personalidades y periodistas con los que tuvieron ocasión de expresar su agradecimiento por la ejemplar atención dispensada por los industriales Eibarreses, añadiendo, que la estancia resulto muy fructuosa y didáctica, contando con una salvedad que fue la visita al taller de Alejandro Carral, comentando la experiencia. La noticia tuvo tanta trascendencia que días más tarde un periodista acudió al taller de Carral para conocer los detalles de la visita del grupo Nipon, al día siguiente en la prensa se podía leer, Los japoneses querían saber como obtengo la pócima para pavonar los cañones, les explique que para saber que la mezcla estaba en su punto había que saborearla introduciendo un dedo en el liquido y probar su sabor, << LO QUE NO SABÍAN ELLOS ES QUE EL DEDO QUE INTRODUJE EN LA MEZCLA NO ERA EL MISMO QUE METÍ EN LA BOCA>>


Imagen de los talleres que existían en la calle Blas Etxeberria, frente a la conocida fabrica Eibarresa El Casco, y adosada pared con pared a la parte posterior del cine Coliseo. En la década de los 90 fueron demolidos para construir en su lugar un edificio de viviendas. En esta edificación existían varios talleres de pequeños fabricantes de escopetas, Armas Hiru, de Antonio   Madariaga, que fabricaba varios modelos de escopetas paralelas. Adolfo Sarasqueta, que fabricaba escopetas mono-tiro, Pedro Irusta, con su taller de reparación de escopetas y los talleres de pavón Alejandro Carral, El taller de Urdanpileta, con sus tratamientos químicos (baños de oro y plata), José Maria Aranzadi, basculero expulsorista y Andres Izarzugaza, dedicado a la producción artesanal de poli-choques.

Pedro Irusta, consagró toda su vida
al oficio de la armería, dedicandose 

a la reparación en general






El Antiguo edificio AYA ubicado en la calle Vista Alegre, acogía a un gran numero de empleados, llegando a ser una de las empresas más grandes dedicada exclusivamente a la fabricación de escopetas paralelas y superpuestas.  Hoy día el edificio, totalmente reformado, se conoce por el nombre de Portalea, donde aparte de pasar a ser un centro cultural es también entre otras, la actual sede del  Museo de Armas. 

Plantilla de grabadores





Un aparatoso incendio destruyó por completo la antigua fabrica de armas Belategui, que se encontraba en el número 4 de la calle Errekatxu de Eibar, en ese lugar se levanto un nuevo edificio cuyas plantas bajas eran locales industriales entre los que se encontraba el taller de Alberdi, que fabricaba llaves de mecanismo o pletinas. En el local a nivel de la calle, hoy día se encuentra la Cristalería Acha. Un portal más arriba en un segundo piso se encontraba el taller de Pedro Arrizabalaga que permaneció activo hasta que en octubre del 2012 se traslado al número 5 de la calle Morkaiko de  Elgoibar. 


La fabrica de escopetas Crucelegui Hermanos, ubicada en la calle Ibargun, aparte de fabricar sus propias escopetas también proveían de basculas y piezas a otros fabricantes de la competencia, que las consideraban de una gran calidad tanto por su mecanizado como por el acero empleado.
En el edificio contiguo (el de fachada más alta y oscura) se hallaban pequeños talleres auxiliares armeros entre los que hoy día solo subsiste el taller de Gil y Cía.

Vista de de un taller de escopetas en la década de los sesenta

Sala de máquinas de mecanizado de basculas y cañones

El mítico campo de tiro de Arrate (Eibar), en él, hicieron gala de su destreza importantes personalidades del mundo del tiro de Pichón de todo el mundo, y donde la emoción de las apuestas llegaba a niveles difíciles de imaginar. El campo de tiro de Gudamendi de San Sebastian y el de Arrate de Eibar, llegaron a ser un referente mundial en la citada disciplina deportiva.
Tiro de Pichón en Arrate, año 1956, una tiradora participante se prepara para disparar
La expectación de las pruebas estaba muy confluida


Campo de Tiro de Pichón Gudamendi - Monte Igeldo de San Sebastian



Desde que en 1933 Gudamendi fue sede por primera vez del Campeonato Mundial de Tiro al Pichón con 375.000 pesetas en premios, (según destacaba su cartel), el campo de tiro atrajo a la élite de la especialidad, con momentos cumbres como los campeonatos mundiales de 1954 y 1972.





Antiguas instalaciones del Banco Oficial de Armas de Fuego de Eibar

Urkizu emblemática fuente con alma armera

Fuente de Urkizu en su ubicación original
Avanzaba el año 1970, la fuente de Urkizu continuaba manando su preciada y fresca agua, los pinches (Recadistas) que en su mayoría eran jóvenes aprendices, acudían a proveerse de agua,  formando cola con las típicas carretillas diseñadas para portar botijos (recipiente de barro cocido poroso, diseñado para beber y conservar fresca el agua) al objeto de que durante el trajín no resultasen dañadas y al mismo tiempo poder transportar un número de botijos suficiente como para abastecer las necesidades de una jornada laboral.
Aunque la fuente hoy día sigue existiendo, hacia mediados de la década de los 70 fue trasladada piedra a piedra a una nueva ubicación cerca de su anterior emplazamiento al que se le conoce con el nombre de Parque de Urkizu. Originalmente la fuente estuvo situada, empotrada en la fachada de la Forja Errasti, próxima al comienzo de la calle Iparragirre, que fue derribada, levantando en su lugar un edificio de viviendas, hoy día la estructura del pórtico carece del arco superior. 

El pinche, así es como se llamaba a los jóvenes aprendices que a temprana edad optaban por aprender un oficio en lugar de continuar estudiando, en el tiempo en que se formaban en el oficio, recibían una compensación económica más bien simbólica, que iba incrementándose a medida que la producción y la calidad  de los trabajos llegaba a los niveles exigidos, el tiempo de aprendizaje podía estimarse entre cuatro y seis años, durante los cuales debían realizar múltiples y variados trabajos.
Estatua de bronce que representa
 a un pinche con dos botijos,
que reposa junto a la fuente Urkizu, 

en su actual emplazamiento.
La figura del pinche, se dispersaba por casi todas las fábricas y talleres de escopetas, en la mayoría de ellos eran muy apreciados, si bien es verdad que también tenían fama de pillos y pícaros. 
Tras una reunión en la que tomaron parte varios fabricantes, un fabricante le decía a otro en su lengua natal, en euskera eibarres...<Gero bialdukojoat gure granu-jia behar ditxuan pi-esak irua-teko>, que traducido dice, ( Luego te envío a nuestro granuja para que te lleve las piezas que te hacen falta). 







Vista del fronton viejo junto a las escuelas de Txaltxa Zelai

En otra ocasión, recuerdo haber oído una graciosa historia.: El pinche de un taller de escopetas, equipado con una carretilla especialmente diseñada para el transporte de escopetas, acudió por la tarde al probadero (Banco Oficial de Pruebas de Armas de fuego de Eibar), para recoger las escopetas que llevó por la mañana para que fuesen sometidas a la prueba obligatoria de presiones, normalmente el tiempo del trayecto duraba  entre 30 y 40 minutos como máximo, pero en esta ocasión la cosa se iba alargando más de lo normal, el encargado del taller se dirigió a uno de los operarios más jóvenes y le ordeno salir a buscar al pinche, argumentado, que era posible que en el trayecto se distrajera viendo jugar algún partido de pelota en el frontón viejo de Txaltxa Zelai, perdiendo la noción del tiempo., poco después el operario salia a buscar al joven aprendiz., pero la desesperación volvió a agotar la paciencia del encargado al ver que la tardanza se volvía insoportable, acto seguido el encargado se calzo los zapatos, cambió sus atuendos de trabajo y se dirigió al encuentro de ambos jóvenes, al llegar a las inmediaciones del frontón viejo, observo con sorpresa que la carretilla con las escopetas se encontraba arrinconada al final de la cancha, se acercó a un pequeño grupo de gente que animaba a los jugadores y asomando la cabeza entre los espectadores, vio  a sus dos jóvenes empleados jugando un partido de pelota enfrentados en el empeño de ganar a dos duros rivales, los ánimos del hombre fueron calmándose a medida que el partido llegaba a su fin animando y aplaudiendo a sus chavales, finalmente, a la vista de tan emocionante partido, el encargado retó a los  dos jóvenes a otra partida que echó por tierra sus prisas anteriores, pues regresaron al trabajo justo cuando se agotaba el horario de la jornada laboral.
Jóvenes pinches acuden con botijos para surtirse de agua a Ibarregurutz otra de
las  míticas fuentes de Eibar que da nombre a la calle donde se encuentra.


Andres Oñederra, de ARMAS ANCHU,
 inspecciona el mecanismo de un arcabuz





Avancargas ANCHU
ANtonio CHUrruca
Fabricante Eibarres que se especializo en todo tipo de reproducciones de armas de retrocarga, de llave de rueda y de mecha, en la década de los 90 obtuvo importantes premios al conseguir altas puntuaciones de precisión con dos rifles de avancarga de cañón octogonal.









En el Eibar de los 60  era muy común construir edificios de viviendas con locales industriales bajo ellas, como se puede apreciar en esta imagen que corresponde al edificio posterior a la plaza de toros, donde se combinaban talleres de escopetas y otras industrias. En este edificio concretamente, se encontraba el taller de Armas Pedro Gorosabel que cerro en la década de los 80, y Armas Parquemy, que continua en la misma ubicación de siempre, siendo dirigido por una nueva generación.

Portada del catálogo de la década de 1.960

En la calle Bidebarrieta, todavía hoy existe éste emblemático edificio que corresponde a la conocida fábrica de Armas Viuda e Hijos de J.J. Sarasqueta, cuyas armas en un tiempo gozaron de una época de gran esplendor. Este edificio albergó otros talleres como Armas County que producía escopetas superpuestas en las modalidades caja corta y con pletinas o caja larga cuyo sistema fue heredado de la firma Elgoibarresa Francisco Sarriugarte.   La planta baja y primer piso estaba ocupada por Industrias Laspiur que entre 1990 y 1997 fabricó basculas y piezas con maquinaria de la casa Francisco Anitua, que comercializaba escopetas de la marca DISCOVERY.


Tres modelos de alta gama que delatan a este fabricante sus principios de calidad buen gusto e innovación 







En estas imágenes vemos el taller de la también mítica
firma Luis Arrizabalaga (kalbosua) se encontraba al
comienzo de la cuesta de Pagaegi kalea
LUIS ARRIZABALAGA, siglas de punzonado JAM, fue otro de los fabricantes que gozó de una fama de excelencia, sus escopetas eran consideradas de una extraordinaria calidad, fabricaba una gama de modelos de pletina larga expulsora y de una gama superior con sistema de apertura asistida. Aunque el apellido Arrizabalaga esta presente en otros fabricantes de armas no guardan parentesco, salvo la marca comercial CHACHO ARRIZABALAGA cuyas siglas JAM también iban punzonadas en la bascula y en el cañón, el motivo es que Chacho Arrizabalaga tenia una armería en Sevilla en la que comercializaba una gama de escopetas finas fabricadas por su hermano Luis, con quien alcanzo un acuerdo que le permitiría llevar grabada  sobre el cañón y la bascula su propia marca comercial.



En la planta baja de este edificio de Matxaria kalea se ubicaba 
el taller armero de Tomas Agote que fabricaba una gama de 
escopetas de un solo cañón (mono-tiro)
  






En este edificio industrial de Matxaria kalea se ubicaba el taller de Juan Galarza 
que en la década de 1980 empleaba a 20 obreros para surtir de cañones a gran 
parte de los fabricantes  de escopeta del Bajo Deba

En el fondo, edificio industrial que albergaba distintos talleres entre los que se
encontraba el fabricante de cañones Hnos. Jimeno y los baños de Cromo Duro

1 comentario:

  1. Muy buen artículo ilustrado de la Eibar armera.
    Echo un tanto de menos alguna referencia a las carabinas de aire comprimido, de las que me consta que hubo varios fabricantes pioneros en el estado y, aun permanecen como los sucesores familiares de Martín Antón Bascaran "Cometa" y la continuación de Norberto Arizmendi con sus "Norica"
    Pero entiendo que la historia de la industria armera de Eibar es tan extensa, que se puede escribir toda una enciclopedia haciendo referencia a la complejidad de esta villa guipuzcoana tan industrial como entrañable por sus folclores.

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